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Día improvisado en el Blausee

Hoy está nublado y he vuelto a recordar los días tan bonitos que pasamos en otoño explorando Suiza por primera vez. Tuvimos muchos días de sol, pero también hubo algunos especialmente nublados, como el de la primera visita a Interlaken.


Llegamos con muchas ganas de ver los Alpes de cerca y subir al famoso mirador Harder Kulm. Sin embargo, cuando echamos la vista hacia arriba no se veía nada. Las montañas desaparecían entre las nubes y gracias a la cámara en tiempo real que han colocado en el mirador, pudimos comprobar que no merecía la pena subir. Así que decidimos volver otro día e improvisar. La improvisación nos llevó a una pequeña ciudad llamada Spiez, que se encuentra a mitad de camino entre Thun e Interlaken, a la orilla del lago. Lo maravilloso de esta zona es que con una rápida búsqueda en Google Maps no tardas en encontrar algo que hacer o visitar. Nosotros encontramos la ubicación de un pequeño lago escondido entre montañas y que, además de truchas, en su interior guardaba una misteriosa historia: el lago Blausee (básicamente, "lago azul").


No es muy grande, pero es digno de un cuento de hadas.

Cómo llegar


Llegar es bastante fácil y rápido. Además, el camino se hace muy ameno, porque el paisaje no deja de sorprender. Si vais en tren, tendréis que hacer transbordo en Spiez, coger el RE dirección Brig y bajar en Frutigen. Desde allí hay un bus directo (el 230), que te deja en la misma puerta de acceso al lago.


Es uno de los lagos más turísticos de Suiza y, como es de esperar, hay que pagar entrada para acceder. El precio varía un poco dependiendo de la edad y la hora a la que llegues, pero ronda los CHF 10.00 (podéis ver la tabla de precios aquí).


Si viajáis en coche, hay un aparcamiento bastante grande justo en la entrada y el precio suele rondar los CHF 6.00 para todo el día.



Qué ver y hacer


Como en la mayoría de los lagos suizos, vais a poder elegir entre una gran variedad de actividades que hacer en el propio lago o en sus alrededores; tanto si vais solos, como si vais en pareja o en familia (incluido el hijo de cuatro patas).

Justo detrás del parque infantil encontraréis esta preciosa estampa.

Para comer

Hay un restaurante a pocos metros del lago, una zona de picnic y una zona de barbacoa muy bien preparada.


Para explorar

El lago es el punto de partida de varias rutas de senderismo. Además, en las propias instalaciones se puede visitar un criadero de truchas ecológico que cuenta con distintas variedades.


Para jugar

Junto a la zona de barbacoa también hay acceso a unos baños públicos y a un parque infantil. Cuando lo visitamos estaba lleno de peques jugando y el ambiente era muy familiar.




La leyenda


De un azul profundo eran los ojos de la hermosa doncella que murió con el corazón partido. Y de un azul profundo son desde entonces las aguas del lago en recuerdo del amor eterno de aquella bella mujer.




La leyenda más famosa sobre este lago cuenta que fue el lugar donde se encontraban dos jóvenes enamorados. Cuando él murió, la joven, desconsolada, regresaba al lago cada noche. Finalmente, ella murió de pena y se cuenta que sus lágrimas causaron el color azul del lago.


Si pasáis por el puente de madera que cruza el lago por un lateral, podréis ver la escultura en recuerdo de la pobre doncella. El tono del agua varía un poco según el día y la época del año, pero siempre es de un intenso color azulado o verdoso.


Lo que más nos gustó

Lo visitamos en otoño y pronto volveremos para comprobar cuál es la mejor estación para verlo. De momento, yo creo que va a ser difícil superar el encanto que tiene verlo con estos tonos otoñales. El entorno es precioso; el lago está rodeado de montañas cubiertas de abetos. Aquel día, además, estaba un poco nublado y las nubes bajas le daban un toque misterioso y acogedor al mismo tiempo.


En nuestra opinión, lo tiene todo para pasar un buen día en familia. Además, aunque es de pago, es de lo más barato que hemos encontrad por Suiza y es de muy fácil acceso.


Si te gusta hacer y hacerte fotos, es ideal, porque a cada paso que das sientes la necesidad de inmortalizar lo que estás viendo. El color del agua es muy peculiar.


Está prohibido bañarse (eso incluye también a los peludos), pero podéis contemplar las truchas nadando entre los troncos y las ramas que hay en el fondo del lago, porque sus aguas son cristalinas. Muy relajante.

Lo que nos dejó un poco «plof»


La verdad es que el hecho de estar tan enfocado al turismo hace que pierda parte del encanto, porque no es un espacio muy grande. Nada más llegar puedes ver el hotel y el restaurante que hay justo en la orilla y te rompe un poco la estampa natural. En la entrada, además de la taquilla, hay una tienda de souvenirs. Además, aunque está prohibido bañarse, no han perdido la oportunidad de montar un pequeño negocio con paseos en barca por dentro de lago. No quisimos probarlo, así que no sabría decir el precio, pero a nosotros nos molestó un poco, porque siempre que quieres hacer fotos al lago hay una barca pasando por delante.


En general la experiencia fue muy bonita, a pesar de ser improvisada. Sobre todo, porque fue de las primeras excursiones que hicimos por aquí y, porque nos encantan este tipo de paisajes. Suiza ofrece tanto, que los planes improvisados suelen funcionar siempre.


Me despido con algunas fotos más de este rincón de fantasía.




















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@persiguiendoeljetlag


Tschüss!




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